Hace algunos meses, se aprobó en el Congreso de mi país dos proyectos de ley por los cuales se crearon dos nuevas regiones: la de Los Ríos (actual provincia de Valdivia, Región de Los Lagos) y la de Arica-Parinacota (actuales provincias del mismo nombre en la Región de Tarapacá

. Ambas comunidades venían peleando desde hacía años por tener ese rango. Las razones pueden ser varias, pero una trasciende: porque para gestionar recursos dependían de un gobierno regional que no se preocupaba mucho de ellas.
Y esto se va repitiendo a lo largo del país, y es uno de los tantos síntomas de un problema que como país nos está afectando negativamente, y que a la larga y a la corta nos traerá graves problemas: el centralismo político.
Chile es un estado unitario. Esto significa que existe sólo un poder central encargado de gestionar las labores ejecutivas, legislativas y judiciales para todo el país, sin que exista poderes delegados a las regiones en materias importantes. Debido a esto, las regiones sólo operan como divisiones creadas para distribuir los recursos y hacer cumplir las directrices del poder nacional. Esto se opone al modelo federal, donde los estados tienen autonomía legislativa y ejecutiva en los asuntos que no son entregados al gobierno nacional(1), o el modelo español, donde se otorga facultades a las regiones desde el gobierno central (un
federalismo al revés)(2).
Últimamente, muchos estados unitarios han buscado disminuir el efecto centralizador que naturalmente tiene el unitarismo. El caso más famoso es el de España. También ha habido cambios en Italia, y Gran Bretaña ha otorgado algún grado de autonomía a sus nacionalidades. Inclusive la mismísima Francia, considerada históricamente como el ejemplo del estado centralizado, ha debido otorgar ciertas atribuciones a algunas regiones y colonias de ultramar (3). En América Latina, si bien los estados unitarios de aquí se ahn resistido un tanto, ha habido gestos que buscan morigerar la centralización, como la elección de las autoridades regionales, establecimiento de consejos regionales, delegación de asuntos en diversas materias, etc.
En Chile, la cuestión ha sido diferente. Si bien se han establecido los Gobiernos Regionales y la descentralización administrativa de las regiones, la cuestión no ha variado mucho desde que la Constitución de 1833 estableciera un estado fuertemente centralizado. Las autoridades de gobierno siguen siendo nombradas por el Presidente, mientras que los miembros de los Gobiernos Regionales son elegidos sólo de manera indirecta (el pueblo elige a los concejales de comuan y éstos a los consejeros regionales).
Encima de todo, ni siquiera la autonomía en su sentido formal ha podido ser defendida a cabalidad. La obtención de recursos para realizar actividades está sometida a lo que se apruebe en el Presupuesto de la nación. Además, sólo pueden usarse los recursos en la forma ordenada por la ley y por los mandatos de la autoridad central. Finalmente, la labor de los Gobiernos Regionales se ve limitada por los planes nacionales a los cuales deben someterse.
Además de político, el centralismo en Chile ha devenido en territorial. Pese a que se trasladó el Congreso de mi país a Valparaíso, la tendencia histórica de las autoridades ha sido favorecer a la zona central, y en especial a la Región Metropolitana (antes Provincia de Santiago) en desmedro de las demás zonas del país. Mientras los recursos asignados a la suma de las demás regiones no ha variado practicamente en los últimos años, los asignados a la Región Metropolitana han aumentado a casi el doble. Puede quedarse sin pavimentar una calle de Concepción o sin agua un barrio de Copiapó a que se elimine una escuela en Villa Alhué o una plaza en Lampa ¿y por qué? porque Lampa y Villa Alhué están en la RM y Copiapó y Concepción no. Junto con esto, los planes nacionales de casi cualquier cosa atienden más que nada a los problemas que ocurren en la capital, sin que haya un análisis acerca de lo que pasa en otros lados del país.
Todo esto traspasa la barrera de lo político y lo administrativo, y ha llegado a marcar el carácter nacional. Un ejemplo de esto es lo concerniente a la imagen que se quiere proyectar sobre el chileno medio. No cabe duda que se ha impuesto el modelo del huaso. En efecto, cada septiembre, para Fiestas Patrias, el único modelo que se impone es el del hombre campesino de la zona central, con su manta y su sombrero, olvidando casi a los otros modelos (chilote, pascuense, nortino, etc.). En las escuelas, la cueca que se enseña a bailar es una sola, la de la zona central, sin importar siquiera que existe la cueca nortina, la chilota o la urbana. Y a los niños de Rapa Nui, Chiloé, Calama o Punta Arenas se les obliga a vestirse de huaso en circunstancias de que su zona no es huasa.
Otro ámbito donde se nota que el centralismo es algo más que político es en cuanto a la educación: aparte de que los mejores liceos de Chile son de Santiago, hoy es simbolo de estatus entrar a una universidad tradicional de las de la capital (la Chile, la Católica), mientras que muchas de las de regiones están en un lamentable abandono, con las excepciones que no más confirman la regla. Y para qué hablar del sistema educativo del país, en donde se ensalza el sistema político-administrativo que nos rige y se muestra casi como un error adoptar otro (¿se han fijado cómo han casi satanizado el experimento federal de 1826?), además de poner a la altura de próceres a quienes lo establecieron (caso de Portales, por ejemplo).
Quizás este bombardeo mediático-educativo y las experiencias pasadas han forjado el carácter de nuestro pueblo. Y no cabe duda que el chileno promedio tiene una
vocación centralista. Nuestra sociedad ha sido criada con la idea de que el Estado chileno encontró en el unitarismo el orden que no halló con modelos más decentralizados. A esto súmese la idea imperante en la mayor parte del siglo XX, la del "centralismo democrático", en respuesta a los intentos descentralizadores de la desastrosa y satanizada República "Parlamentaria" (1891-1925). Esta idea del centralismo democrático (ideada para llevar a efecto el modelo capitalista de estado o keynesiano (4)) fue la que frustró la creación de las Asambleas Provinciales y "contradijo" el mandato de la Constitución de 1925 acerca de la descentralización (en efecto, en 1970 el estado era más centralizado que en 1925).
Quizás esto pueda explicar el porqué en Chile, pese a los clamores de mayor descentralización, no ha brotado un sentimiento separatista a nivel regional. Si vemos la internet y colocamos, por ejemplo, "separatismo en Chile", sólo saldrán dos artículos que se refieren a luchas separatstas españolas. Búsquedas como "separatismo pascuense" o "separatismo magallánico" no arrojan resultados, pese a la existencia de movimientos de tal talante en esas zonas (recordar el caso de la
República Independiente de Magallanes o las continuas "declaraciones de independencia" pascuenses (5)).
Quizás los únicos que tienen una política seria de separatismo en Chile son los mapuches, pero su motivo no es el centralismo. Como sabemos, los territorios mapuches fueron anexados a Chile en 1881 lugo de largas luchas. Lo que vino después fue un historial de abusos y tropelías contra el pueblo mapuche, quienes nunca se han sentido parte de Chile y han enarbolado la idea de la Nación Mapuche(6), con una especie de gobierno paralelo (el Consejo de Todas las Tierras) y diversos actos que recuerdan lo hecho por grupos como ETA, IRA o el Congreso Indio. Los mapuches forman parte de UNPO, la asociación de naciones que no tienen estado o gobierno, y que aglutina a otros pueblos como el tibetano o el kurdo (7). Esto demuestra que el pueblo de Lautaro y Caupolicán sí tiene propósitos independentistas cabales.
A diferencia de ellos (y hay que decirlo aunque se ofendan), los otros movimientos regionalistas en Chile
valen callampa. Así de dura es la cuestión. Veamos. El más famoso de los movimientos pseudo-separatistas, la República Independiente de Magallanes, no pasa más de una moda nacida al alero de la reación de la bandera regional de esa zona. Lo de Rapa Nui no pasó de ser una alharaqueada que hoy está casi extinta, amén de una reforma administrativa que podría darle autonomía a la isla(8). Y en el resto de las regiones... por ponerles un caso: en mi región de origen (la Séptima, de Maule) los únicos regionalistas son los talquinos. Mi zona (Linares) quiere desde hace rato ser otra región junto con Cauquenes y Constitución, y en Curicó se sienten más colchagüinos que maulinos. Así ¿quién puede decir que
verdaderamente en Chile hay regiones?.
Hay un sitio creado por los regionalistas,
www.federales.cl, donde puede uno encontrar ideas para fomentar la descentralización. Pero no pasan más allá de pedir la elección popular de las asambleas regionales u otorgar mayor autonomía financiera a los gobiernos locales. ¿hay alguna idea más radical? ¿por qué nadie ha dicho, por poner alguna frase,
¡Hay que prepararse para hacer lo de Bolivia!?. ¿Si muchos han propuesto (aunque como un sueño casi imposible) la federalización del país, porqué no hacen honor al nombre de su página y pregonamos el gran cambio? ¿y por qué no se incluye en este sitio a los separatistas mapuches? No hay que quedarse en una critica tibia. Hay que ser más enérgico.
Bueno, no quiero seguir extendiéndome más. Lo importante es hallar respuesta a nuestra falta de sentimientos independentistas, máxime cuando creo que Chile no es verdaderamente una sola nación, sino un conjunto de ellas que hasta ahora no se quiere reconocer.
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(1)
http://es.wikipedia.org/wiki/Federalismo (2)
http://es.wikipedia.org/wiki/Comunidad_aut%C3%B3noma (3) ALVAREZ, Juan Andrés, "En la senda del unitarismo moderado", ponencia hecha durante el I Congreso de Derecho y Teoría Constitucional realizado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, en 2003. Véase en
http://www.congreso.uchile.cl/trabajos%20congreso/Alvarez.pdf (4)
http://es.wikipedia.org/wiki/Keynesianismo (5)
http://www.federales.cl/Noticiass.php?news_id=637 (6) Sitio "oficial":
http://www.mapuche-nation.org/espanol/indice.htm (7)
http://www.unpo.org/member_profile.php?id=37(8) Y que de hecho ya se dio, al menos en una reforma constitucional
PD (18/3/2008): Creo que exageré en una parte del artículo. Al poner como ejemplos a los pueblos de Lampa y Villa Alhué, que están en la Región Metropolitana pero no son parte de la capital, no me di cuenta que hay otro conflicto, que es el existente entre la ciudad de Santiago y el resto de la Región Metropolitana. Muchas veces las quejas regionalistas se dirigen contra la región, sin entender que Santiago no es toda la Región Metropolitana. Existen otras ciudades y pueblos afuera, como Melipilla, Colina, Talagante, Buin, Peñaflor, Pirque, Paine, San José de Maipo, Curacaví, Pomaire, etc., cuyas vivencias y ambientes son muy distintos a los de la gran capital. A mi entender, la Región Metropolitana también sufre el centralismo, agravado por la cercanía de la ciudad de Santiago. Y creo, también, que los mismos santiaguinos sufren el centralismo, pero no se quieren dar cuenta.Tags: separatismo, centralismo, federalismo, región, regional, independencia, Chile