No cabe duda que uno de los indicadores más fehacientes de un país es su educación. Y en especial, su educación superior, ya que allí se forman los profesionales del país. En mi país, excepto por algunas cuantas excepciones, la educación superior está en un momento muy triste. Abundan las universidades de segunda, tercera o cuarta clase, destinadas a satisfacer la necesidad de muchos por procurarse como sea un título universitario para encontrar un trabajo digno (en Chile, si no tienes título universitario simplemente
no eres nada). Asimismo, y a pesar del bajo nivel, todas las universidades cobran mensualidades que valen un ojo de la cara, inclusive las estatales, lo que impide a un gran número de compatriotas míos estudiar. Además, y debido a ciertas facilidades y relajos, ha bajado la calidad de los alumnos que ahí entran, incluso en institutos caracterizados por su gran excelencia académica (Universidad de Chile, Católica, Concepción, etc.). Pero el tema que voy a hablar ahora no es ése, sino de una tradición que en Chile tiene varios años arraigada y que, pese a múltiples llamados de la autoridad gubernativa, educacional y sindical, no se ha modificado un ápice, y lo que es peor, ha empeorado.
Hace unos cuantos años, existía en mi país una costumbre en la cual los alumnos de cursos superiores brindaban a los novatos (1) una recepción bastante amistosa. Entre otras cosas, hacían una broma un tantito pesada pero no tan grave: cortarles un mechón del cabello a los novatos. Esa tradición se llamó "mechoneo". Más allá de ello no había mayores desmadres. Pero en la década de 1930, tras cierto retraso en las ampliaciones universitarias y desafortunadas decisiones de la autoridad estudiantil, estudiantes de la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile se trenzaron a golpes en una sala de la Casa Central, que en ese momento funcionaba como salón de clases. La trifulca dejó muy mal parados a varios jóvenes en su mayoría mechones, quienes quedaron con moretones y heridas (2). Fue un verdadero "agarrarse de las mechas", expresión muy popular en mi país para referirse a estos incidentes. Lejos de ser un incidente aislado, se prolongó en el tiempo y se expandió a otros centros educacionales superiores. Las condiciones variaron, y de la trifulca se pasó a un verdadero linchamiento que, por la época que se produjo, se agregó a las tradicionales costumbres de bienvenida a los nuevos estudiantes (por cierto, el tradicional corte de mechón pasó a mejor vida). El mechoneo, de ser un capítulo gracioso en la vida universitaria del país, pronto se trasformó en un lunar oprobioso en la educación superior chilena. Por cierto, las cuestiones cambiaron, y de los golpes y palos se ha pasado a los excrementos, la fruta podrida y las vísceras de pescado.
Hoy en día, esta vergonzosa práctica domina la vida universitaria de casi todos los institutos educativos superiores de Chile. No se ha hecho caso a la autoridad, ni hay respeto a las normas legales, constitucionales y reglamentarias que velan por la integridad de los educandos. Ni siquiera ha habido un atisbo de moderación cuando se han producido lamentables hechos en esta clase de tradiciones donde ha habido heridos, inválidos, desfigurados (3) e incluso muertos. Todo sigue igual. La humillación está a la orden del día cuando se trata de hacer esta tradicionzuela. Para qué hablar de las mujeres: en algunas partes se les obliga a hacer actos que las rebajan como tales y las dejan al escarnio público. Y lo peor de todo es que cada vez hay más desvergüenza. No les basta a los estudiantes de Segundo, que son por lo general los que hacen el mechoneo, el realizar tan infame práctica, sino que se dedican a pasear a los escarmentados alumnos por las calles de la ciudad para que reciban la burla y las risas de la comunidad, lo que añade mayor ignonimia a los humillados.
Pero lo más grave no es que ocurran estas prácticas aberrantes, ni que se produzcan las terribles consecuencias mencionadas, sino un síntoma mucho más grave: la
indiferencia de la sociedad, y en especial de las autoridades políticas, ante estos hechos. Todos los años viene produciéndose esta cruel práctica, y sin embargo han sido pocas las autoridades universitarias que han decidido poner freno a estos abusos. Hasta el momento, ningún gobierno se ha querido pronunciar sobre estos hechos, ni ningún parlamentario ha presentado mociones para castigar el mechoneo como delito, los tribunales jamás han investigado estos hechos, nadie ha sido condenado por mechonear... ¿dónde está la policía cuando se producen tales disturbios? ¿o acaso el mechoneo es un invento de la mente de ciertos desequilibrados que, como yo, denuncia estas barbaridades al mundo?
Decepcionante es, por decir lo menos, la actitud pasiva de nuestra clase política ante la humillación de los mechones. Acciones como la del ex candidato presidencial y ex rector de la Universidad Austral, Mandred Max-Neef, que transformó a su universidad en el primer establecimiento universitario que eliminó el mechoneo como práctica, los llamados y anuncios que las autoridades de universidades del Norte Grande han hecho, las peticiones que han realizado los sindicatos y centros de alumnos universitarios llamando a hacer bienvenidas sin humillación... parecen voces en el desierto, porque siguen cometiéndose las mismas aberraciones, riéndose en la cara de quienes postulan que la Dignidad, así con mayúscula, es un deber para todos.
Y en efecto, la DIGNIDAD es un DEBER más que un derecho. Y este deber debe recaer
en los propios estudiantes de Primer Año de la Educación Superior chilena. Porque los primeros en ser llamados a defender el honor y la integridad del estudiantado amenazado por el mechoneo es el propio estudiantado. Son ellos mismos los que deben hacerse respetar e impedir que sus semejantes jueguen con ellos. Pues si hay una razón por la cual nadie ha hecho nada por derogar la tradicionzuela, es porque los alumnos de Primero no defienden su honra y se entregan dócilmente, cual ovejas del rebaño, al linchamiento grotesco del mechoneo. Si el estudiantado se levanta y dice NO AL MECHONEO, habremos dado un gran salto.
Digo que la iniciativa debe venir de los propios estudiantes. Si ellos se organizan y hacen campaña para concientizar a la población sobre sus derechos, y convocan a las autoridades para que tomen cartas en el asunto, entonces habremos dejado en muy buen pie a la educación nacional y demostraremos a quienes nos observen que no porque algo sea común va a ser aceptado. Incluso, creo que esto ayudará al pueblo de Chile a quitarse esa costumbre tan conservadora de someterse sin más ni más a la autoridad. Buen ejemplo nos han dado los secundarios de mi patria.
Pero por ahora, eso sería soñar demasiado. Una costumbre tan arraigada va a ser difícil que se cambie de un viaje, con todos los problemas que mencioné. Ojalá que algún parlamentario presente un proyecto de ley para castigar el mechoneo como lo que es: un delito. Ojalá que el próximo año algún anónimo estudiante presente su recurso de protección para impedir el mechoneo en su universidad. Y ojalá el fin del mechoneo sea el punto de partida para acabar con otros vicios que denigran a la Educación Superior de mi país y a la sociedad chilena.
==========================================================
(1) En la Universidad de Chile se les llama "mechones". En la Universidad Católica se les denomina "cachorros", en muchas otras se les conoce como "caturros". Su equivalente gringo son los "freshmen".
(2) Para ser más exactos: en la década del '30 se estaba construyendo el actual edificio de la Facultad de Leyes, pero debido a ciertos retrasos, se determinó hacer compartir las salas de la Casa Central entre cursos. La medida molestó a los alumnos de Segundo Año, quienes debían compartir con los de Primero. Así, durante los primeros días de marzo de 1932, un grupo de alumnos de Segundo se amotinó en una sala, a la cual llegaron varios alumnos de Primero. No tardó en producirse un pugilato que los de Segundo, gracias a su mayor experiencia, transformaron en una paliza contra los novatos. Al año siguiente, se intentó hacer una vendeta, pero el incidente terminó con una persecución por el centro de Santiago y con los protagonistas detenidos.
(3) Nunca voy a olvidar la espantosa imagen de un estudiante de una universidad del sur de mi país, el cual fue golpeado durante un mechoneo y quedó con UN LADO DE SU CABEZA HUNDIDO, como una pelota desinflada. ¿Ni siquiera ante esas situaciones tan horrorosas podemos reaccionar?
Tags: universidad, tradiciones, costumbres, mechoneo, dignidad, educación, Chile