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lunes, 21 de mayo de 2007

Fantasía (no) sexual

Por sergioarenas a las 0:57
Va dedicada a una mujer real, cuyo nombre verdadero no es el de la obra, pero que si lee sabrá que es ella

Susana:
Hace unos días fui a la escuela tuya, la casa amarilla, la que está frente al liceo, ésa... el trabajo universitario me tenía enfermo, líos, líos y más líos, todo para no ver el rojo en la libreta, y por uno y otro motivo, llegué hasta ahí. Me di vueltas por esa casa, pero no te hallé, no te vi, no supe de ti...

Desde la última vez que nos vimos no he sabido nada de ti. Ni siquiera sé si vives en esa casa amarilla. Sin embargo, un pensamiento se ha apoderado de mí. Una obsesión se ha apoderado de mi mente, unas ganas terribles de hacer realidad una fantasía, una fantasía erótica extraña, un sueño que hierve de sensualidad, pero sin el placer maldito que todo lo desarma... una fantasía platónica sin contaminación de instintos burdos, como cuando sueña algo irreal, así es mi fantasía donde tú eres la protagonista.

Bueno, aquí está mi fantasía:

Imagino que te llamo para que vengas a un palacio, un palacio grande, con un salón apoteósico... te llamo a que vengas para que hagas una cosa que te pediré una vez estés allí

Aceptas ir, y te diriges al palacio, yo mientras te estoy esperando escondido dentro de él para guiarte en esta loca aventura. Es una tarde fría, gris, como esas antiguas tardes de invierno en que no llueve...

Una vez que llegas al palacio, tocas la puerta, la hallas abierta, con temor la abres e ingresas y a la entrada oyes mi voz. "Susana", te grito. "Sé que estás aquí. Harás todo lo que te diga. Ahora camina hacia los tacos rojos que ves cerca tuyo" Caminas hasta ellos, te detienes frente a ellos. Todo está muy oscuro, gélido, sombrío. Entonces te pido, o más bien te ordeno con voz firme, casi como un grito: "¡DESNUDATE...!"

...Haces caso a mi voz, y te vas desprendiendo poco a poco de todo aquello que te cubría. Cada prenda que te quitas es una nube que se va, cada centímetro de piel que queda es el sol que se abre paso. Cuando cae tu ropa interior pareciera que los ángeles cantan cantos de gloria, cuando tus pechos quedan expuestos tu corazón llora de alegría, cuando tus caderas se muestran un río corre más rápido, tu vientre se trasforma en una escalera al cielo, tu espalda se convierte en el regazo tras un día de fatiga... tú, Susana, has quedado desnuda, eres un ángel exultante de belleza e inocencia, eres una ninfa delicada que se entrega dócilmente, tú, Susana, has quedado desnuda, desnuda... oyes esa palabra, la guardas en tu mente, la llevas en tu piel, tu corazón la recoge y la hace expresar en todo tu ser. Susana, has quedado desnuda, entregada, desnuda, desnuda, desnuda, desnuda... no lo sabes, pero te observo y mi alma se estremece con tu imagen... ahora estás entregada a mí

Así, desnuda, quedas de pie frente a los tacos rojos "Ponte los tacos que tienes enfrente", te digo. Tú te los colocas. "Camina hacia el salón" te digo, tú caminas con soltura y gracia, tu cuerpo desprovisto de todo se luce cuando andas. "Detente" y luego "Ahora ponte en posición firme, con los brazos a los costados y mirando al frente". Lo haces, y pasan largos minutos en que quedas como una estatua mirando hacia lo profundo, no mueves nada, tan sólo tus párpados, el resto está quieto. Tú, desnuda, de pie y estirada, esperas largo rato, mientras yo te miro escondido desde un lugar, miro tus formas, tus piernas, tus caderas, tu cabello negro como la noche, tu cintura espigada, tus pechos turgentes, en suma, tú.

Luego te ordeno "arrodíllate y abrázate por debajo de tus pechos", lo haces y me quedo maravillado. Luego de largo rato te pido que lleves tus manos a tus caderas, y cumples lo que te digo, así te quedas largos minutos.

Luego, empiezo a pedirte un montón de poses que tú cumples a cabalidad: "ponte de pie, abre los brazos hacia los lados", "ahora levántalos hacia arriba", "lleva tus manos a tu cintura", "ahora ponlas en tus caderas", "ahora acaríciate los pechos", "lleva tus manos a tus ingles, acarícialas", "de nuevo a las caderas, pero ahora acarícialas", "lo mismo, pero a tus muslos"... termino diciendo "pon tus manos atrás de tu espalda", lo haces y pasa un largo rato en que te mantienes firme con tus manos tras la espalda.

Ahora te pediré algo más complicado. "Arrodíllate como si fueras un caballero, y mantén tus manos en tus caderas". Tomas la posición que te pedí, y te mantienes así durante un largo rato, más largo que los anteriores. Yo te miro y mi corazón parece que va a salirme del pecho. Tú, con tu piel desnuda, tomando la posición más erótica que he podido imaginar en mi cabeza, manteniendo erguida la mirada, digna como una mujer decidida, pareciera que vas a estallar de tanta belleza que tienes...

Mientras mantienes la pose, empiezo a murmurar tu nombre "Susana, Susana, Susana..." Tu performance me embarga, no sé, no quiero llorar, pero lo que has hecho ha sido lo más bello que he visto en mucho tiempo, no había visto cosa tan estremecedora como una mujer que se entrega para esta aventura de sensualidad sin lujuria, es (eres) un monumento a la belleza platónica, sin suciedades, sin liviandades, sólo exponer tu candor sublime como obra cumbre de la feminidad...

"Ponte de pie" te ordeno. Lo haces, vuelves a tener esa posición firme con la que empezamos. "Camina hacia el otro salón". Caminas con la misma sensualidad por los corredores, mientras la noche acaece y la oscuridad se apodera del palacio. Llegas a un salón más grande que el primero, donde por una pequeña ventana de lo alto aparece el brillo de la luna flanqueado por nubes que la cruzan y la ocultan a ratos.

Ahí hace frío, pero tú te quedas con tus brazos a los lados y una pierna ligeramente doblada, como en actitud de búsqueda. El frío te hace llevar tus manos a tus caderas y acariciarlas. "Al suelo" te digo con prisa, y tú te acuestas en la fría cerámica. "Tu mano hacia la cadera" y la llevas hacia la cadera que se yergue, mientras con la otra te apoyas la cabeza. Así te quedas, mirando hacia lo profundo, por un buen tiempo, mientras acaricias tu cadera con tu mano.

"Arrodíllate y abrázate", "Siéntate y cúbrete con tus piernas", "Arrodíllate y lleva tus manos a tus muslos", "Levántate, tu mano izquierda a tu cadera y tu mano derecha acaricia tu cabello", "Ahora abre tus brazos a los lados", "Acaríciate el cuello", "Recuéstate y acaricia tu vientre"... Horas y horas posando en la oscuridad, mientras el brillo de la luna entra y se dibuja en tu piel desnuda.

¡Se encienden las luces! De pronto, te pones de pie y te quedas quieta. Te cubres tus pechos y tus partes por si alguien llega y te ve... pero no se oye entrar a nadie. Caminas por el salón con tu paso voluptuoso y erótico. Llegas a las cortinas que ocultan un gran ventanal. Las abres y miras el resplandor de la luna, que te sobrecoge y te hace abrazar tu cuerpo. Mi voz te llama de nuevo. "Susana". Quedas quieta, una mano en tu cadera y la otra sobre tu pierna. "Camina hacia el otro salón". Te diriges mientras me solazo con el meneo de tus caderas.

Llegas al otro salón. Hay un espejo grande. "Mírate en el espejo", te digo, y tú te diriges a él. Llegas y te enfrentas a su reflejo que muestra la obra sublime de tu cuerpo. Te observas, recorres con tus dedos tu piel, acaricias con tus manos tus caderas y tu cintura, mientras una sonrisa prístina y pura se refleja en tu rostro. Te sientes bella, te hallas bella, en una frase ¡eres bella! Muy bella. Pasas horas y horas admirándote y solazándote con la imagen que te devuelve el espejo. Entonces oyes mi voz detrás tuyo diciéndote "Susana". Con temor te das vuelta y me ves. Comienza a amanecer...

Hasta acá llega esta fantasía erótica sin morbosidades. Esta es sólo la primera parte, porque hay una segunda, en donde me encuentro contigo, pero no he contado esta historia, sino sólo la primera.

Tags: erotismo, sensualidad, mujer, feminidad, voluptuosidad, intrascendencia, fantasía

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