Esto es un cuento ficticio. Los nombres que aparecen puede que estén inspirados en personajes de la vida real, pero no necesariamente tienen que ser ellos. Si alguien se siente ofendido, que converse conmigo y lo borro o cambio. Disfrutenlo. Sergio
Octubre de 2019. Han pasado diez años desde que reprobara Derecho Natural III por tercera vez y, con ello, sentenciar mi eliminación de la universidad. Incapaz de afrontarlo, lo dejé todo, casa, amigos, y tomando las pocas cosas que tenía me puse a vivir de mendigo. Viví algunos meses cerca del río Mapocho hasta que en un conventillo me abrió las puertas y me dieron una pieza, la cual sólo me sale 5000 pesos por mes, aunque es chica, helada, húmeda a veces y donde de vez en cuando han entrado ratones. En el conventillo vive harta gente, mujeres solas, hombres, gente que busca pieza para pasar la noche, fugitivos de la justicia, etc. No converso con nadie, y parece que a nadie más le importo.
Hoy, diez años después de ese hecho, la mayoría de mis compañeros se ha podido afianzar en su vida. Ya prácticamente todos han egresado, y salvo uno que otro, han podido titularse. Algunos trabajan para buenos estudios jurídicos. Otros, con más o menos fortuna, crearon los propios, tal como el estudio G,M&P que está viendo todo lo relacionado con la reapertura de las minas de Lota (asesorados por un profesor de la escuela nacido en la ciudad del carbón). Algunos se dedicaron a la política (Francys y Yohanna se atacaron mutuamente hoy día en una sesión de la Cámara, ya no me acuerdo por qué), otros a los negocios, etc. Algunos, como Renato y Roberto, optaron por la docencia, y hoy son destacados profesores de la escuela. Y una que otra chiquilla terminó sin ejercer la profesión por casarse.
¿Y yo dónde estoy? en un puesto en una feria libre, vendiendo cachureos. Las pocas cosas que tenían valor las he vendido y con eso subsisto. Apenas, porque los códigos están desactualizados, los apuntes están incompletos y algunas cosas ya están fuera de moda. En un día normal me hago más o menos como 1500 pesos. Apenas me alcanza para comer. No me voy en micro, prefiero irme a pie, a pesar que mis zapatos están desgastados. Mi barba mide diez centímetros, y mi pelo está larguísimo y desgañado. Tengo perdida y triste la mirada, mi ropa está vieja y descosida. Me baño todos los días en el conventillo, pero a veces no tengo jabón. Mis pocas entretenciones consisten en ir de vez en cuando a un cibercafé o a la Biblioteca Nacional, cuando mi aspecto no es tan desastroso. Ya no me dejan entrar a los cafés ni a los restoranes. No tengo vida social ni amigos, y a veces preferiría estar solo. Cuando no estoy de vendedor ni de vago, me siento a escribir en el viejo computador que tengo, que está viejísimo, que es grande y aparatoso, o a leer las lecturas que tengo grabadas en su memoria.
Todavía guardo la foto de la comida con la que el profesor Pablo despidió el ciclo. ¡Cómo hemos cambiado! Ya don Pablo está viejo. Hace rato muchos profesores de la escuela jubilaron, otros todavía hacen clases, uno que otro ya partieron al otro mundo. De mis compañeros, veamos... a Catalina (la que está en primera fila) no la he visto, parece que se fue a España con su marido. Mónica parece que está haciendo un doctorado en Estados Unidos, lo mismo que Isabel. María Pía y Tomás tuvieron hace poco un hijito. Al parecer Carolina y Francisco volvieron y al rato se casaron. Lo mismo para Doris (aunque su esposo Pedro no sale en la foto), para Stefany, Ricardo, Juan José, María Elena, María Paz, Catalina (la otra, la que sale en un rincón) y Andrés... a todos les ha ido más o menos bien. ¡Ah! Josefa, la de Conti, sacó adelante el sueño de su ciudad de tener una sede universitaria, y hoy es la rectora de esa casa de estudios.
Lo mismo más o menos ha pasado con otros compañeros de otros cursos. Algunos se demoraron más, pero igual terminaron. Hubo uno que estuvo a punto de reprobar por tercera vez el examen de grado, pero el profesor le dijo ¡sabe que más, sólo para no verlo más por aquí lo apruebo! y le puso un cuatro. El Premio Montenegro de mi generación lo terminó ganando María Francisca, una integrente de la "generación Williams" (tras lo cual hubo carnaval en todas las GG.WW.). Andrea, la de cuerpo perfecto, al final hizo caso y se dedicó al modelaje, aunque ya con más de treinta años ya está cerca del retiro.
Todavía me acuerdo de Andrea, la de La Florida. La muchacha más linda de la facultad. Compañera mía durante varios años, no hubo un día ni habrá en que no piense en ella (sobre todo después que la soñé sin ropa...). Creo que ha sido la única mujer a la que he amado en mi vida. Creo que sigo enamorado de ella, pero era inalcanzable para mí. Todavía cuando pienso en ella se me aprieta el corazón y me empieza a doler la garganta. ¡Si no hubiera sido tan cobarde! No quiero pensar en ella, quizás dónde andará, a lo mejor es feliz, a lo mejor conmigo viviría puras amarguras... Lo cierto es que me resigné a vivir sin mujer. Como dice la canción, la mano se hizo amiga de mi soledad. Porque no he querido hundirme en el trago (salvo para las fiestas del Bicentenario, que duraron una semana, y en la cual comí y me emborraché al punto que empecé celebrando en el Parque O'Higgins y terminé tirado en un bar de última calaña de Quilicura. Si tuve que estar una semana en la Posta por intoxicación...) ni probar la droga, ni dedicarme a delincuente. En eso no he cambiado. Quizás todavía me quede un poquitito de esperanza, aunque pienso que si no he acabado con mi vida ha sido por cobardía. El solo pensar en tirarme de un último piso me llena de angustia (en sueños me he visto tomando la decisión, despertando luego horrorizado), y aunque tengo a mano un montón de pastillas para la angustia, ya deben de estar vencidas. Ni siquiera sé si mis padres seguirán vivos. De mi familia no he vuelto a saber más.
¿Qué será de mi querido Linares? No lo he vuelto a visitar desde mi eliminación. La verdad es que no he querido volver allá porque no quiero pasar vergüenzas. Yo era la esperanza de muchos, y terminé rompiendo esas ilusiones. Allá quedó el recuerdo de un pasado feliz, de vivencias que añoro, de sueños que nunca germinaron. Quizás el "estancamiento" que creía ver en ese "pueblito" no era sino una respuesta, un llamado a no rendirse a la vorágine del progreso desenfrenado, a vivir la vida en paz. Si hubiera hecho caso, quizás estaría logrando mis metas y viviría tranquilo. Pero me urgía el futuro y el miedo. Ahora no, porque ya no tengo futuro ni presente. ¿Qué será de mis ex compañeros de colegio y liceo? Si hubiera sido menos tonto, quizás hoy una de mis ex compañeras de liceo sería mi esposa... Pucha que he perdido oportunidades en la vida. Bueno, si estoy en donde estoy...
¿Qué ha pasado en todo este tiempo en Chile? Aunque no lo crean, nada. Con el tiempo, muchas esperanzas se perdieron, y hoy el país pareciera estar resignado a su suerte. Han pasado casi 12 años y todavía no se aprueba la Ley General de Educación que enviara la ex presidenta Bachelet. Ante tantos problemas que tuvo, terminó siendo un gobierno más bien de consensos, aunque hasta hoy la Concertación y la Alianza siguen peleando por cualquier cosa. A propósito: ya vamos en el séptimo gobierno de la Concertación. Nuestro actual presidente es Fulvio Rossi, quien derrotó al sempiterno candidato Sebastián Piñera. Antes de Rossi estuvo Mario González, y antes de éste, la Soledad Alvear. La Alianza siguió igual, claro que ahora se le sumó un nuevo partido, la Alianza Liberal Progresista. Quizás el único gran cambio fue la disolución del Juntos Podemos, ya que los partidos Comunista, Humanista, Izquierda Amplia y otros terminaron plegándose a la Concertación (por cierto, todavía no se modifica el sistema binominal). Quedó un conchito de ultrones que debieron unirse a los regionalistas, formando el Pacto Regionalista Libertario.
¿Los estudiantes? No lograron nada, al final. Como niños que son, basta que le den su dulce para que dejen de llorar. Los aranceles están altísimos (por ej. Derecho en la U. de Chile está a 600 mil pesos el arancel mensual), pero con la infinidad de becas y créditos muchos pueden, a duras penas eso sí, terminar la carrera. Y ni siquiera con el título basta. Con excepción de carreras como leyes o medicina, hoy hay hasta doctores (de doctorado) cesantes, porque sobran profesionales y faltan técnicos. Los que ayer estudiaron carreras técnicas y considerábamos "desafortunados" hoy les hacen burla a los profesionales y se los pelean las grandes empresas y tienen los medios sueldos. Algo parecido pasa con algunas profesiones "menores", como contador auditor, enfermería y trabajo social. Ya la Revolución Pingüina es un recuerdo, una mera anécdota en la historia que no pudo sostenerse en el tiempo. La recuerdan de cuando en vez en los programas de chascarros. Para la gente, lo más importante de 2006 fue la muerte del General Pinochet y la llegada al poder de la primera mujer presidenta.
En los deportes, el fútbol está muerto y enterrado. El último campeón fue Tricolor de Paine, y el anterior fue Deportivo Nancagua. Colo Colo finalmente bajó a Tercera División, mientras que Universidad Católica está en quiebra. El tenis hace rato que no levanta cabeza. El mejor tenista chileno en el ATP está en el lugar 183º, y en Copa Davis tenemos que pelear ante Nicaragua el salvarnos de ir a la Zona Cuatro Americana. Los otros deportes tampoco están muy bien, salvo el rodeo, la rayuela, el cacho y el pepito-paga-doble. En serio, ha habido un auge tremendo de los deportes locales.
Todavía los mapuches siguen luchando por recuperar su territorio. En Magallanes todavía se habla de la "República Independiente", pero no hay nada serio aún. Los intendentes y gobernadores siguen siendo designados por el Presidente, lo único que cambió es que los consejeros regionales ahora se eligen popularmente. Aún estamos enfermos de centralismo. Chile tiene hoy 21 millones de habitantes, pero de ellos 10 millones viven en la capital. La gran ciudad ha crecido al punto de traspasar el Río Maipo y tragarse Talagante y Colina. Pero pareciera que ya no vale la pena reclamar. Al final, Transantiago ganó la pelea, la gente se acostumbró a este sistema y hoy lo encuentran "más o menos competente". La línea 3 del Metro por fin llegó a Maipú, la linea 2 termina ahora en San Bernardo, la 1 nace en Lo Barnechea y termina en Quilicura, la 5 llega hasta las Vizcachas, en fin...
En la tele, el Solabarrieta sigue con su "Había una Vez", ahora está viejo y tiene canas. Sergio Lagos sigue conduciendo el Festival de Viña y el resto del año está en Radio Oasis recordando a Los Prisioneros y a Phil Collins. Hoy hay 15 canales de televisión gracias a la tecnología digital, pero siguen dando las mismas mierdas de farándula. En la música, el nuevo valor de la música chilena, Edilson Hurtado (el ganador de la última temporada de Rojo, allá por el 2012), la rompe en las radios europeas con la canción "Ermanitu, voh soi tiyible ezpertacular", mientras que en las discotecas suena fuerte el jazzound (una mezcla entre jazz y cumbia que sueña como el p5c4). Los diarios no han cambiado nada. Ahora con la radio digital hay un renacer de las radios AM, y hemos redescubierto la onda corta.
Ya no quiero seguir más. Me tengo que ir al conventillo. A dormir, y mañana salir temprano a vender mis cachivaches en el Persa. O tal vez no haga nada y me quede mirando el techo de la pieza. Ya no sé qué hacer, perdí la alegría de vivir.
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