Hace más de dos meses que no me meto al blog. Es verdad, lo he dejado un poco botado, y este 2010 va ser más frecuente esto, debido a que me dedicaré a estudiar para el temido “examen de licenciatura” y (espero) a trabajar pero de verdad.
Para cuando este artículo salga, estaré ad portas de haber egresado de la carrera de Leyes luego de 6 años (en verdad, la carrera dura 5 años, pero me fui atrasando). Han sido seis años de un camino que ha tenido de todo.
Cuando llegué a Santiago, proveniente del sur, la cosa era bastante distinta a lo que hay ahora en algunos aspectos. En otros, quizá lo esencial, se ha mantenido igual. Sigue siendo una ciudad bella que se oculta entre smog, edificios y un ánimo gris. Pero en este tiempo aparecieron cosas y desaparecieron otras.
Cuando llegué, todavía reinaban las micros amarillas por las calles de la gran ciudad. Transantiago era una mera idea, un proyecto a futuro. Poco a poco fueron apareciendo las micros de colores y las “orugas”, dejando a las viejas máquinas de lado. Hoy el sistema marcha relativamente bien, pero no olvido que cuando empezó todo el mundo maldecía el cambio… mientras yo me salvaba por vivir tan cerca de la universidad.
Frente al Crowne Plaza durante mucho tiempo hubo un sitio abandonado, del cual tenía recuerdos desde mi niñez cuando viajaba a la capital por diversos motivos. Cuando me instalé en Santiago, el hoyo todavía existía. Ahora hay un edificio enorme y moderno, el cual conocí por dentro un día. También he visto crecer el Metro, llegando hasta Puente Alto, y al cierre de esta edición ya se había extendido a Los Dominicos y Pudahuel.
Alcancé a conocer el Edificio Diego Portales antes de que se incendiara, incluso estuve adentro de la sala que ardería después. Ahora lo están reconstruyendo.
La radio ha sido compañera mía durante todo este tiempo, a falta voluntaria de televisión. Y también he vivido cambios. Cuando llegué todavía existía la Radio Chilena, y la Sintonía, la Nina, la W, y viví el tránsito Para Ti-X-Sonar. Esta época ha sido la más álgida en cuanto al mercado radial.
Mi escuela ha vivido también grandes cambios. Un bello patio de baldosas rojas, hortensias y frondosos árboles me recibió cuando ingresé a la universidad. Luego todo ese paraíso sucumbió en aras del progreso, y en su lugar se erige un edificio blanco, una “torre” frente a lo que hoy es un peladero. Al lado nuestro, donde una enorme fábrica abandonada se erigía, hoy se instaló un vecino un tanto indeseado. Para qué hablar de otros vecinos derechamente indeseables que dejaron un edificio clásico como el de mi escuela como hormiga frente a su gigantesca y grotesca obra…
En todo este tiempo cambiamos el presidente del país y el rector de la universidad. Viví dos revoluciones estudiantiles que fueron una raya en el agua. Modificaron sustancialmente la Constitución (pero parece que todo siguió igual), el letrero del edificio de Alameda con Vicuña Mackenna cambió de “Cristal” a “Claro”, la torre Telefónica dejó de ser la más alta de Chile y la Clínica Santa María creció hasta Bellavista. Vi nevar en Santiago y celebré el oro olímpico en Atenas.
En 6 años he visto cómo esta ciudad se debate entre crecer a destajo hacia arriba y a los lados, arrasando con casas y barrios, o hacerse más amigable y recuperar el verde y la vida de barrio. Claro, es difícil hacerlo hacia el sur o el poniente (y más fácil hacia el norte y el este). Y mientras tanto llega y llega gente de afuera, porque Santiago se lo roba todo y no se puede progresar sino aquí...Tags: recuerdos, añoranzas, santiago, ciudad, cambios, ver, mirar